El rastro de los dinosaurios de Tereñes

El rastro de los dinosaurios de Tereñes

Ni todos los días ni todos los momentos del día son propicios para aventurarse a recorrer los muchos rastros que los dinosaurios han dejado en los acantilados riosellanos de Tereñes. No todos los días… porque la lluvia los convierte en una rampa resbaladiza de posibles desenlaces fatales; ni todos los momentos, porque la pleamar los cubre en su totalidad y, si para más inri nos hemos aventurado demasiado hacia el oeste, es posible que nos quedemos aislados y sin salida. Tampoco conviene que la pleamar acabe de retirarse, pues el agua del mar tendrá el mismo efecto que la de la lluvia y el acantilado será una trampa peligrosa. La luz de cada momento del día también varía la percepción que tengamos de las icnitas: cuando es directa, son más difíciles de percibir que cuando la iluminación es lateral y beneficia la diferencia del relieve.

En Tereñes, el mar Cantábrico ruge con fuerza, sobre todo durante los temporales invernales y las mareas vivas. Prácticamente cada invierno le arranca lascas al pedrero y, con ellas, se va un trocito de nuestra prehistoria. Puede verse, en la parte superior derecha de la foto, el color más claro de una zona que ha quedado recientemente al descubierto, quebrando los rastros de huellas.

En concreto, en este trozo de acantilado riosellano se han identificado al menos cuatro rastros de ornitópodos, lo que nos indica que caminaban en manada, en la misma dirección y a veces hasta chocándose, como indica la superposición en algún punto de las huellas y su posterior separación.

Aunque se sabe que pueden perderse muchos de estos restos, el peso excesivo de estas rocas hace imposible recuperarlas y transportarlas al Museo del Jurásico, el MUJA. Por ello, se elaboran constantes reproducciones, mapas y fotografías que permitan revisar las investigaciones en el futuro.