El Parque de la Prehistoria de Teverga

El Parque de la Prehistoria de Teverga

Se abrió al público el 24 de marzo de 2007. Está enclavado en el corazón de la montaña central asturiana, en el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, cabecera de la cuenca hidrográfica del Nalón. Esta ubicación no es asunto baladí para la ubicación del Parque: por un lado, Teverga está medio de las tres grandes cuencas mineras de Asturias (Nalón-Caudal y Suroccidente), y mientras en éstas ha pervivido con mayor o menor pena la actividad hasta hoy, en Teverga se extinguió hace años, convirtiendo al concejo en zona industrialmente deprimida; por otro lado, el Bajo Nalón y la cuenca de su afluente el Trubia (confluencia de los ríos Teverga y Quirós), están jalonados de yacimientos con arte parietal, de los cuales el de mayor prominencia es el de La Peña de Candamo, una de las cinco cuevas con arte paleolítico declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 7 de julio de 2008.

Estos dos aspectos permitieron que, con los conocidos como “Fondos Mineros”, concedidos para dinamizar áreas en reconversión, se erigiese este nuevo espacio: equipamiento divulgativo y foco de atracción de turismo de calidad. Precisamente el turismo activo y rural eran el otro puntal de este concejo de inigualable paisaje, por lo que el edificio se construyó prácticamente bajo tierra, apenas se levanta sobre el suelo, y lo hace con formas y colores que no colisionan con la naturaleza que lo rodea.

Ubicado y explicado su origen, y antes de pasar a desglosar su riqueza museística, conviene encuadrarlo a medio camino entre el MUJA y el Museo Arqueológico. Del MUJA (Museo del Jurásico de Asturias) es hermano en concepción, aunque traten épocas muy diferentes. Se trata de dos museos modernos, dinámicos, alejados del papel meramente expositivo, si bien ambos albergan colecciones sin parangón. Buscan la observación y la interacción, y se valen no sólo de piezas originales, sino también de recreaciones. Son los espacios culturales favoritos para excursiones escolares; en concreto, en Teverga, a lo largo de todo el año hay actividades de lo más variopinto: cerámica, fabricación artesana de útiles de caza, iniciación al tiro con arco, talla de instrumentos líticos, fabricación de pinturas naturales… Del Museo Arqueológico de Asturias, que acaba de estrenar flamante edificio en el corazón de Oviedo, hereda la temática. Algunas de las réplicas de útiles corresponden a piezas albergadas en el Museo.

El Parque no contiene piezas originales, pero es un recorrido por lo mejor del arte parietal Paleolítico franco-cantábrico. Además del edificio de acogida, preparado para talleres experimentales con los más pequeños (pieles, pinturas, tiro con arco…), cuenta con dos salas principales: la Galería y la Cueva de Cuevas. En la Galería, recorreremos la historia de la Arqueología asturiana, con biografías de sus grandes próceres (desde el Conde de la Vega del Sella hasta el recientemente fallecido Javier Fortea), mapas, esquemas… y espléndidas réplicas. Destacan la fehacientes copias que se han hecho del muro de los signos rojos de la cueva de Llonín o Cueva’l Quesu (Peñamellera Alta) o de los bisontes negros de La Covaciella (Cabrales, en la foto). ¿Por qué destacar estas dos reproducciones por encima del techo de los bisontes de Altamira o las copias de Covalanas, Lascaux o Chauvet? Porque Llonín y La Covaciella son las dos únicas cavidades reconocidas en Asturias como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO que no son visitables para el público.

El 7 de julio de 2008, la UNESCO amplió la protección con la que ya contaba Altamira, en Cantabria, a todo el Arte rupestre Paleolítico de la Cornisa Cantábrica. Entraron en tal reconocimiento 5 cavidades asturianas, 9 cántabras y 3 vascas. En Asturias, El Pindal puede visitarse durante todo el año gracias a sus extraordinarias condiciones de conservación; Tito Bustillo abre aproximadamente desde Semana Santa hasta inicios de otoño; y El Candamo, la más restrictiva, permite el acceso de pequeños grupos en fechas aproximadas a las de Tito Bustillo. Sin embargo, Llonín, utilizada durante años como covacha para curar queso, fue cerrada al público tras la comprobación de la riqueza de sus pinturas para preservarlas. Los vahos de la fermentación habían hecho estragos en los pigmentos. La Covaciella, por su parte, no fue descubierta hasta 1994, gracias a las voladuras necesarias para ampliar la carretera. Al haber estado sellada por milenios, el estado de conservación de los tres bisontes es excelente… tanto, que se decidió protegerlos y, a causa también de la dificultad de acceso, jamás ha sido abierta a las visitas. De ahí la oportunidad única que supone el Parque de la Prehistoria para disfrutar de las figuras in situ.

Junto a estas réplicas, fidedignas pero enclavadas en el museo, encontramos otras tres completamente extraordinarias: las del Panel de los Caballos de Tito Bustillo, el Camarín de la Peña de Candamo y la francesa Niaux. Estas reproducciones se enclavan en un edificio en el que se han plagiado no sólo la textura y tamaño de las rocas y pinturas, sino el ambiente mismo de las grutas: su oscuridad, temperatura y humedad. Incluso se ha copiado la distancia… el Camarín, al igual que en Candamo, se encuentra muy por encima de nuestras cabezas. El Parque de Teverga es, por lo tanto, todas las visitas en una, sin tiempos ni distancias.