Las icnitas de La Griega sobreviven al temporal

Las icnitas de La Griega sobreviven al temporal

Es una constante: invierno tras invierno, los embates del mar Cantábrico arrancan trozos de roca y lascas, llevándose con ellos millones de años de Historia. Tras la sucesión de temporales marítimos que ha sufrido la Cornisa Cantábrica en este inicio de febrero, es una suerte comprobar que las huellas de La Griega siguen bien agarradas a tierra.

El yacimiento no ha quedado inmune a los fenómenos costeros violentos, pues se han perdido trozos de roca sin llegar a las huellas (pero que supone menos protección a futuro) y ha sido desprovisto de la escalera que permitía acceder a él desde la senda costera. A través de ella, se llegaba por detrás de la playa, lo cual permitía que este yacimiento, el más visitado por la facilidad de acceso y por la claridad para distinguir las icnitas, estuviera siempre disponible. Durante un tiempo, mientras se recompone la escalera, sólo podrá visitarse durante la bajamar, atravesando la playa.

Ojito a las mareas, que no está el Cantábrico para bromas en este invierno. Se recomienda consultar las tablas, disponibles, entre otros lugares, en la página web del Puerto de Gijón, y hacerle caso tanto a las horas de pleamar como a las de bajamar, pero también a los coeficientes de mareas. Si son altos, hay que ser aún más escrupuloso aprovechando la plena bajamar.

Recordamos lo que puede visitarse en el yacimiento colungués de La Griega:

https://prehistoriadeasturias.wordpress.com/2013/05/17/pisando-fuerte-en-la-griega/

https://prehistoriadeasturias.wordpress.com/2013/05/11/la-costa-de-los-dinosaurios/

https://prehistoriadeasturias.wordpress.com/2013/10/20/nuevas-luces-sobre-el-jurasico-en-el-programa-de-tpa-asturias-semanal/

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Imágenes inéditas de La Covaciella, Coímbre y El Bosque

Imágenes inéditas de La Covaciella, Coímbre y El Bosque

El oriental valle de Berodia, en la cuenca de los ríos Cares y Deva, alberga algunas de las joyas más desconocidas del arte parietal del Magdaleniense Superior asturiano. Si ya de por sí las pinturas y grabados del Paleolítico no son especialmente accesibles en el sentido físico ni, por la ignorancia no peyorativa sobre su existencia, tampoco en el sentido del conocimiento, las cuevas de este enclave de los Picos de Europa son con diferencia las menos exploradas por el ojo humano.

Influyen en esto varios aspectos, como la dificultad de acceso y, sobre todo, su no apertura a las visitas. Un equipo de televisión de la TPA (Televisión del Principado de Asturias) ha filmado por primera vez las impresionantes demostraciones artísticas que contienen La Covaciella, Coímbre y El Bosque.

Dignas todas de admiración, destaca sobre todo La Covaciella. Además de por grabados y otras pinturas, lo que ha convertido a este yacimiento en la niña bonita del Paleolítico Asturiano son sus tres bisontes de magistral trazado negro e impecable conservación. Esto se debe a que, en algún momento entre su trazado, hace unos 14.000 años, y la actualidad, un derrumbe selló la cavidad y ha permitido que los pigmentos gozaran de unas condiciones de temperatura y humedad que los ha mantenido incólumes. En 1994, la ampliación de las obras de la carretera que pasa por delante provocó una grieta, hoy entrada principal pero cerrada al público, y se accedió por primera vez a La Covaciella con la sorpresa del hallazgo de sus prehistóricas obras de arte.

La Covaciella, en el concejo de Cabrales, es una de las cinco cuevas asturianas incluidas por la UNESCO en la ampliación de la protección a Altamira y que conforman el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad al Arte Paleolítico Cantábrico. Los otros yacimientos son El Pindal (en Ribadedeva y abierto al público todo el año) y Tito Bustillo (Ribadesella) y La Peña de Candamo (ambas con diferentes regímenes de visitas entre Semana Santa y finales de verano); más Llonín, en Peñamellera Alta, conocida popularmente como “La Cueva’l Quesu” y que no está abierta al público.

Así ocurre con La Covaciella, Coímbre y El Bosque, cuyas maravillas sólo pueden disfrutarse a través de este reportaje de “Asturias Semanal” o, en el caso de La Covaciella, con la fidedigna reproducción de sus bisontes en el Parque de la Prehistoria de Teverga.

El Parque de la Prehistoria de Teverga

El Parque de la Prehistoria de Teverga

Se abrió al público el 24 de marzo de 2007. Está enclavado en el corazón de la montaña central asturiana, en el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, cabecera de la cuenca hidrográfica del Nalón. Esta ubicación no es asunto baladí para la ubicación del Parque: por un lado, Teverga está medio de las tres grandes cuencas mineras de Asturias (Nalón-Caudal y Suroccidente), y mientras en éstas ha pervivido con mayor o menor pena la actividad hasta hoy, en Teverga se extinguió hace años, convirtiendo al concejo en zona industrialmente deprimida; por otro lado, el Bajo Nalón y la cuenca de su afluente el Trubia (confluencia de los ríos Teverga y Quirós), están jalonados de yacimientos con arte parietal, de los cuales el de mayor prominencia es el de La Peña de Candamo, una de las cinco cuevas con arte paleolítico declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 7 de julio de 2008.

Estos dos aspectos permitieron que, con los conocidos como “Fondos Mineros”, concedidos para dinamizar áreas en reconversión, se erigiese este nuevo espacio: equipamiento divulgativo y foco de atracción de turismo de calidad. Precisamente el turismo activo y rural eran el otro puntal de este concejo de inigualable paisaje, por lo que el edificio se construyó prácticamente bajo tierra, apenas se levanta sobre el suelo, y lo hace con formas y colores que no colisionan con la naturaleza que lo rodea.

Ubicado y explicado su origen, y antes de pasar a desglosar su riqueza museística, conviene encuadrarlo a medio camino entre el MUJA y el Museo Arqueológico. Del MUJA (Museo del Jurásico de Asturias) es hermano en concepción, aunque traten épocas muy diferentes. Se trata de dos museos modernos, dinámicos, alejados del papel meramente expositivo, si bien ambos albergan colecciones sin parangón. Buscan la observación y la interacción, y se valen no sólo de piezas originales, sino también de recreaciones. Son los espacios culturales favoritos para excursiones escolares; en concreto, en Teverga, a lo largo de todo el año hay actividades de lo más variopinto: cerámica, fabricación artesana de útiles de caza, iniciación al tiro con arco, talla de instrumentos líticos, fabricación de pinturas naturales… Del Museo Arqueológico de Asturias, que acaba de estrenar flamante edificio en el corazón de Oviedo, hereda la temática. Algunas de las réplicas de útiles corresponden a piezas albergadas en el Museo.

El Parque no contiene piezas originales, pero es un recorrido por lo mejor del arte parietal Paleolítico franco-cantábrico. Además del edificio de acogida, preparado para talleres experimentales con los más pequeños (pieles, pinturas, tiro con arco…), cuenta con dos salas principales: la Galería y la Cueva de Cuevas. En la Galería, recorreremos la historia de la Arqueología asturiana, con biografías de sus grandes próceres (desde el Conde de la Vega del Sella hasta el recientemente fallecido Javier Fortea), mapas, esquemas… y espléndidas réplicas. Destacan la fehacientes copias que se han hecho del muro de los signos rojos de la cueva de Llonín o Cueva’l Quesu (Peñamellera Alta) o de los bisontes negros de La Covaciella (Cabrales, en la foto). ¿Por qué destacar estas dos reproducciones por encima del techo de los bisontes de Altamira o las copias de Covalanas, Lascaux o Chauvet? Porque Llonín y La Covaciella son las dos únicas cavidades reconocidas en Asturias como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO que no son visitables para el público.

El 7 de julio de 2008, la UNESCO amplió la protección con la que ya contaba Altamira, en Cantabria, a todo el Arte rupestre Paleolítico de la Cornisa Cantábrica. Entraron en tal reconocimiento 5 cavidades asturianas, 9 cántabras y 3 vascas. En Asturias, El Pindal puede visitarse durante todo el año gracias a sus extraordinarias condiciones de conservación; Tito Bustillo abre aproximadamente desde Semana Santa hasta inicios de otoño; y El Candamo, la más restrictiva, permite el acceso de pequeños grupos en fechas aproximadas a las de Tito Bustillo. Sin embargo, Llonín, utilizada durante años como covacha para curar queso, fue cerrada al público tras la comprobación de la riqueza de sus pinturas para preservarlas. Los vahos de la fermentación habían hecho estragos en los pigmentos. La Covaciella, por su parte, no fue descubierta hasta 1994, gracias a las voladuras necesarias para ampliar la carretera. Al haber estado sellada por milenios, el estado de conservación de los tres bisontes es excelente… tanto, que se decidió protegerlos y, a causa también de la dificultad de acceso, jamás ha sido abierta a las visitas. De ahí la oportunidad única que supone el Parque de la Prehistoria para disfrutar de las figuras in situ.

Junto a estas réplicas, fidedignas pero enclavadas en el museo, encontramos otras tres completamente extraordinarias: las del Panel de los Caballos de Tito Bustillo, el Camarín de la Peña de Candamo y la francesa Niaux. Estas reproducciones se enclavan en un edificio en el que se han plagiado no sólo la textura y tamaño de las rocas y pinturas, sino el ambiente mismo de las grutas: su oscuridad, temperatura y humedad. Incluso se ha copiado la distancia… el Camarín, al igual que en Candamo, se encuentra muy por encima de nuestras cabezas. El Parque de Teverga es, por lo tanto, todas las visitas en una, sin tiempos ni distancias.